PRIMER CONSEJO

Puesto que es cierto que no te interesas por averiguar si las sinuocidades obstinadas que a diario perturban tu vida tienen un origen psíquico, físico o espiritual, animado por el deseo que tengo de ayudarte, he querido compartir contigo, caro amigo, algunos consejos que, todavía niño, escuche de una joven que solía visitar mi casa, arrastrada por la amistad que la unía a uno de mis parientes, y habitante también de la misma casa mencionada.

 

Primer consejo: NO PIENSES DE NADIE NI PIENSES QUE NADIE PIENSA DE TI.

 

Yo era un niño de escasos años, cuando escuché de sus dulces labios estas, para mí, indescifrables palabras; y crean, si se me grabaron, fue porque se mantuvo repitiéndomelas durante aproximadamente tres meses, cada vez que visitaba la casa.

 

El segundo consejo, lo compartiré más adelante con ustedes. Gracias por leerme.

 

NI JUDAS NI EVANGELIO

Pretender que son nuevas las supuestas ideas aparecidas en un pretendido evengelio hace unas décadas descubierto, es pecar de ignorante. Esas ideas acerca de Judas Iscariote son viejas; yo, y es verdad lo que digo, me enteré de ellas en 1979, cuando entonces participaba en un grupo gnóstico. Permanecí poco en ese grupo, pero de seguro que las ideas que oí en él sobre Judas permanecieron hasta hoy. Esas ideas no pueden ser menos que catalogadas de absurdas. Judas tomó libremente la decisión de entregar a Jesús. La tradición judía nunca habría pensado acerca del hecho de otra menera, pues sería acusar a Dios. La manera de pensar, pues, que subyace en el pasaje del malintencionadamente llamado, Evangelio de Judas, no es judía ni cristiana, sino gnóstica. A Judas no se le asignó ninguna misión, sino que él escogió la que quiso, la cual, para perdición suya, fue la peor que pudo elegir.

LA TACTICA DE DIOS

¿Quién puede impedir el vuelo libre de las aves? ¿No las descubrió, acaso, el hombre, revoloteando en lo alto cuando miró hacia el cielo? ¿Quién quiso que existieran aves que surcaran los aires del mundo? ¿Fue consultado el hombre acerca de si deberían existir o no aves en el mundo? Se sorprendió el hombre de su propia existencia y ¿no se iba a sorprender de la existencia de las aves? Ni quiso el hombre existir, ni lo quisieron las aves tampoco. Las aves seguramente se sorprenden, mas no creo que de la misma manera que el hombre. Un ave difícilmente "decida" suicidarse; el hombre, en cambio, sí puede hacerlo, y de hecho lo hace con relativa frecuencia. Es más libre que las aves aunque no pueda volar como ellas. Las aves, por su parte, hacen siempre lo que deben hacer; y ¿el hombre, lo hará siempre? ¿A dónde han de conducirnos estas divagaciones? ¿Es que deben conducirnos a algún lugar? Yo, al menos, así lo pretendo.

     Acordamos que el hombre es libre y que sabe que existen las aves, y que sabe de su propia existencia; también nos pusimos de acuerdo en lo tocante a que las aves no saben de su propia existencia ni de la del hombre. Tampoco, es evidente, de la existencia de las demás aves, ni de los demás seres, incluido Dios, por supuesto. El hombre occidental, por el contrario, cree en la existencia de Dios; pero en un  Dios al considera una creación suya, una idea que él equivocadamente ha engendrado, pero que no tendrá vida eterna, y que terminará por desaparecer para siempre, cuando la ignorancia u otros factores que favorecen su permanencia, desaparezcan; a veces, sin embargo, y ojalá no sea siempre, el hombre se considera a sí mismo Dios, identifica a Dios consigo mismo, y concluye, entonces, que él es el Todopoderoso, el hacedor de maravillas; y una maravilla él mismo. ¿Será cierto que el hombre mismo se considera una maravilla? Por lo menos se cree capaz de impedir que el virus de la gripe aviar, que va de un lugar a otro llevado por las aves, sin pagar por ello ni un centavo, se propague peligrosamente entre los seres humanos. La inteligencia que posee, y que a él no parece haberle sorprendido para nada poseerla, descubrirá los medios. El no quiso ser hombre; pero lo es; él no quiso ser inteligente; pero lo es; el no quiso ser el Señor de la naturaleza; pero lo es. Y nada de eso debe agradecérselo a nadie. Y mucho menos a Dios, que ya sabe el hombre que no existe, y que si existe él lo es, es decir, el hombre mismo.

     Sucede, sin embargo, que cierta literatura religiosa afirma que existe Dios, un único Dios, y que ese Dios es el Hacedor de todo cuanto existe; por lo menos el que ha llamado a la existencia a todo lo que ocupa un lugar en el conglomerado de los seres, no importa si está vivo o muerto. También recomienda esa literatura acudir a El, por ser El, precisamente, el verdaderamente Todopoderoso, y a no confiar únicamente en nuestras fuerzas, en nuestra sabiduría, en nuestra astucia. Y ¿de qué manera recomienda acudir? Pues recurriendo a la oración. Lo correcto, lo absolutamente correcto fuera que no existiera nada, ni siquiera los virus aviares; nada, absolutamente nada. Así debería ser; pero sucede que no lo es, que existe la más incomprensible variedad de seres, y que nada de cuanto existe decidió existir.¿No existirá algún Ser que pueda, con derecho, reclamar para si el título de Dios? Y si existe ¿no sería El Ser, ese Ser, que ha decidido la existencia de cuanto existe, y que por ello merece agradecimiento, alabanza y gloria? Si realmente existe debe ser un Ser imponderablemente maravilloso, vistas y consideradas sus obras, entre ellas, claro está, los virus de toda clase y, no hay que olvidarlo, nosotros, los pensantes por excelencia.¿No será justo y recomendable reclamar el auxilio de un ser así, en todo momento de nuestra vida? ¿No será él capaz de ensanchar nuestra inteligencia para luchar contra lo que nos amenace, no importa de qué tamaño sea? Podríamos ir más lejos, pero eso lo dejamos a los filósofos. La oración, queremos concluir de todos modos, es la táctica que Dios nos propone para luchar contra ese virus aviar, contra los demás virus, y contra todos los males que nos abaten o se ciernen amenazantes sobre nosotros; no vaya a ser que resulte cierta la frase que afirma que el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero que sin Dios no podrá menos que organizarla contra el hombre. Pero ¿sólo orar? No, pues poseemos inteligencia, sin haberla pedido, ni inventado, ni imaginado.

     "El hombre tiene necesidad de Dios como tiene necesidad de aire y oxígeno. El influjo de la oración sobre el espíritu y el cuerpo humano es tan fácilmente demostrable como la secreción de las glándulas. Sus resultados se miden por un crecimiento de energía física, de vigor intelectual, de fuerza moral, por una comprensión más profunda de las verdades fundamentales", ALEXIS CARREL (famoso médico francés, quien experimento exitosamente con tejido de pollo, merecedor del Premio Nóbel en 1912).

     La frase, no es una hipótesis, sino la confesión de una experiencia que el Nóbel francés quiso compartir con nosotros. Veamos: si la oración aumenta la energía física, aumenta, también, la disposición al trabajo y al esfuerzo, lo cual favorece la consecución de los más diversos objetivos, incluidos los de desarrollar vacunas, medicamentos, descubrir nuevos mundos, nuevas especies, triunfar en una contienda deportiva, etc.; si acrecienta el vigor intelectual, favorece a los que estudian o tienen la obligación de hacerlo, enamorándolos de la reflexión, de las actividades que permiten degustar a los que las realizan del exquisito sabor que es posible encontrar y hallar en los libros al leer o estudiar en ellos, lo que se traduciría en la adquisición de un mayor número de conocimientos, que de seguro beneficiarían al poseedor de los mismos y a los que pudieran necesitar de ellos; si da fuerza moral, aparta del mal camino, de los vicios de toda índole, y permite disfrutar a la persona orante de una libertad que no podrá menos que dedicar, por disponer de mayor tiempo para todo, a tareas positivas, verdaderamente engrandecedoras de la humanidad; y la mejor comprensión de las verdades fundamentales, que habría que averiguar cuales son, pero que no viene al caso, aunque de seguro hacen referencia a aquellas que dan sentido a nuestras vidas, no podría resultar sino en una mayor capacidad de sacrificio, de entrega, de trabajo, de resistencia…¿Y si se ora por los demás, no se acrecienta el amor en el orante?  

 

MURIENDO ESTA EL MUNDO PORQUE LE FALTA TU CALOR

 

No nos vamos a entretener con descripciones alarmistas que pudieran llevar a estados depresivos verdaderamente catastróficos a quienes las lleyeran, sin embargo, no vamos a renunciar a llamar la atención acerca de algunos puntos que, a nuestro humilde entender, pueden arrojar luz en lo que se refiere a la desoladora atmósfera que hace imposible vislumbrar para la tierra un futuro promisorio.

 

El hombre quiere hacer uso de los bienes materiales sin contar para nada con las orientaciones que para el correcto uso de los mismos le ha dado y le da constantemente el Hacedor de los mismos. Puesto que resulta imposible suponer que lo que existe no le debe su existencia a nada, ya que si no se la debiera a nada lo correcto fuera que no existiera nada. REALMENTE nada debiera existir; lo correcto fuera eso, que nada existiera, absolutamente nada.

 

Ya afirmará alguno que todo cuanto existe siempre ha existido, aunque no de la misma manera, pues, constantemente ha sufrido transformaciones; que todo cuanto existe siempre ha existido y siempre existirá, aunque con apariencias diferentes en cada momento de existencia que le toque existir.

 

Pero, ¿ hace eso innecesaria la existencia de Dios? Es casual acaso que nosotros los hombres hayamos perdido la memoria de remotos cataclismos cósmicos que han tenido lugar a lo largo de la ruta que nuestro planeta, que nuestro Sistema Solar, que la Vía Láctea ha seguido a través de esos espacios sin límites que vemos siempre no importa la dirección hacia donde dirijamos nuestra mirada.

 

¿NO LEEMOS EN LA BIBLIA las advertencias que el mismo Dios hace, supuesto que existe Dios, acerca de lamentables sucesos futuros que habrán de acontecer en nuestro pequeño planeta tierra y, probablemente, en todo el universo? Esas advertencias ¿están en la Biblia porque lo que aparece escrito en ella se tiene que cumplir, y se escribieron para que se cumplieran, o porque el autor de ellas sabía que habrían de ocurrir en un futuro remoto?

 

Es evidente que la pacificidad del movimiento cósmico, su regularidad, su ritmo casi musical, es una maravilla insondable. NADA pasa que lo saque de quicio, que lo altere de una manera anonadante para la humanidad. NO, TODO ES TAN PUNTUAL, TAN CORRECTO QUE CASI ESTAMOS OBLIGADOS A NO TEMER NADA EXTRAORDINARIO. Pero esto es una falsa seguridad.

LA TIERRA

La Tierra, cansada de nuestras majaderías, día tras día da claros avisos de que ella no se siente a gusto, y de que ella ha perdido algo que nosotros le hemos arrebatado inmisericordemente: El Equilibrio que a ella la conseva dentro de los linderos que hacen posible la vida en su superficie, y en su interior, y en todas sus partes. Ella lo necesita para asegurar la supervivencia de la vida que a ella han confiado; y Ella, que no es un ser vivo, no dejará de actuar, sin embargo, como si lo fuera. Y es que de la única manera que Ella puede asegurar la continuación de la vida que bulle en ella, es asegurando Ella misma para sí su propia supervivencia. Tendrá, pues Ella, que dejarse llevar, guiar por las leyes que se la granjearán, las cuales, aunque no están en contra del hombre ni de ningún ser vivo, se cumplirán, probablemente, de una manera que parecerá que sí.

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